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David Brooks: American Curios

Written By Unknown on Selasa, 04 November 2014 | 14.11

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os políticos y las fuerzas antimigrantes han llamado a sellar la frontera con México desde hace décadas y en años más recientes han sumado a su petición el tema de la amenaza de las drogas. Al ser declarada la infinita guerra contra el terrorismo después del 11-S, también hubo quienes emplearon esa nueva amenaza en una nueva combinación de argumentos: ilegales, drogas y terroristas. Ahora con el brote de ébola, y los primeros casos aquí, varios políticos y comentaristas advierten que musulmanes extremistas suicidas infectados a propósito, que trabajan con cárteles mexicanos, podrían ingresar para contaminar a la población de este país como parte de un complot y, de nuevo, llaman a sellar la frontera.

Tal vez tienen razón.

Pero al evaluar esos argumentos, la evidencia indica que sí: se debería pensar en sellar la frontera, pero del lado mexicano contra las amenazas que provienen desde el norte. Entre las múltiples razones, se podrían incluir estas seis:

Primero: el ébola está en Estados Unidos y no hay casos en México o América Latina. El manejo inicial de la enfermedad por el país más avanzado del mundo no inspira confianza en su capacidad para enfrentar desafíos de este tipo. Si se aplica la misma lógica de los estadunidenses que quieren sellar la frontera, se tiene que concluir que para la protección de la salud pública de los latinoamericanos (y para no tener que depender de burócratas a cargo del manejo de esta enfermedad), tal vez es hora de sellar la frontera y no permitir el ingreso de estadunidenses hasta que éstos comprueben que están haciendo lo necesario para controlar la enfermedad, incluido, por ejemplo, el envío, en proporciones similares, de médicos y expertos en salud que Cuba ha hecho a África.

Segundo: ante tanta preocupación de que terroristas puedan ingresar a Estados Unidos desde México, en los hechos todos los casos de terroristas extranjeros han ingresado por aeropuertos o por la frontera con Canadá. No sólo eso, sino que antes del 11-S el peor caso de terrorismo fue contra el edificio federal de Oklahoma City y los responsables fueron terroristas estadunidenses ligados a milicias y otras agrupaciones de ultraderecha. Por lo tanto, se tendría que pensar qué se requiere para proteger a los países latinoamericanos del ingreso de estos terroristas desde Estados Unidos por la porosa frontera estadunidense con México, incluida una propuesta para sellarla hasta que Estados Unidos logre imponer control sobre estas amenazas.

Tercero: armas. Estados Unidos tiene la población más armada del mundo avanzado, con suficientes pistolas o rifles (los cálculos indican entre 270 y 310 millones) para armar a cada habitante del país. En 37 por ciento de los hogares hay armas, según el Centro de Investigación Pew. En promedio, cada día 32 estadunidenses son asesinados con armas de fuego y 140 son tratados en hospitales, reporta la Campaña Brady para Prevenir la Violencia con Armas de Fuego. Las leyes actuales en algunos estados permiten no sólo comprar, sino portar armas en lugares públicos, incluso en escuelas. Casi todas las armas usadas en las matanzas recientes han sido adquiridas de manera legal. Ante tal índice de violencia y descontrol de las armas, y para protección de los países al sur de la frontera, vale la pena considerar la idea de sellar la frontera hasta que Estados Unidos cambie sus leyes.

Cuarto: este país es uno de los principales contribuidores al desastre ecológico mundial. Ante advertencias de sus propios científicos y militares, y de la Organización de Naciones Unidas de que el cambio climático está por causar daños irreversibles y se prevén efectos cada vez más severos –sequías, súper tormentas, inundaciones y más–, podría ser necesario hacer preparativos en México ante la posibilidad de una ola de refugiados generada por estos efectos. De hecho, ya se ha ofrecido una visión de lo que esto podría implicar: en la película The day after tomorrow (El día después de mañana), el fenómeno climatológico provoca desastres en Estados Unidos y detona la huida de hordas de estadunidenses que cruzan la frontera hacia México sin papeles ni autorización; hasta el presidente, avergonzado, emite su primer comunicado en medio del desastre en territorio extranjero. En la película las autoridades estadunidenses suplican al gobierno mexicano mantener su puerta abierta.

Quinto: la guerra contra las drogas lanzada por Estados Unidos a principios de los años 70, según expertos y ex mandatarios, ha fracasado, con costos humanos, sociales y económicos astronómicos. El ejemplo más reciente es el que se reportó apenas la semana pasada, en que después de una década y 7.6 mil millones de gastos para la lucha antinarcóticos en Afganistán, ese país registro un nuevo récord histórico en su producción de opio el año pasado, reportó Reuters. Tal vez se debe sellar la frontera hasta que los estadunidenses cambien sus pautas de consumo, o lo regulen, y controlen a su sector financiero, que forma parte de este gran negocio.

Sexto: ante la promoción del inglés como idioma oficial en Estados Unidos –otra medida favorita de fuerzas antinmigrantes–, tal vez se debe contemplar, como medida de defensa del idioma, sellar la frontera a todo producto o marca impronunciable o que no tenga traducción al español. En particular, se debe prohibir el cruce de la frontera a toda empresa o producto que incluya –o peor, que empiece con– una letra que ni está en el alfabeto: la w. Hace mil años el peor caso era Woolworth, hoy día es Walmart. Ambas obligan a los que viven al sur de la frontera a hacer un gran esfuerzo y emplear un sonido inventado usando una g.

Hay muchas más razones para sellar la frontera desde el sur, y tal vez es hora de citar a un diálogo de alto nivel para evaluar estas razones en lo que dicen que es una relación de cooperación y responsabilidad compartida.


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Bernardo Bátiz V.: Los dos crímenes

Bernardo Bátiz V.

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l pueblo mexicano sufre con indignación y con dolor la comisión de dos crímenes coincidentes en el tiempo, ambos cometidos por los poderes del Estado. Uno, el homicidio perpetrado por policías de unos jóvenes estudiantes y la desaparición forzada de otros; el otro, este crimen político y social, fue cometido por medio de una sentencia nada menos que de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que cerró la posibilidad de que la ciudadanía ejerza su derecho de opinar en un asunto vital para la soberanía nacional y para el futuro del Estado.

El crimen violento es consecuencia del ambiente enrarecido que prevalece en el país, motivado por la imposición contra viento y marea de las reformas neoliberales rechazadas por la opinión general, pero forzadas con todos los medios y toda la fuerza del sistema, incluyendo actos de corrupción, acuerdos políticos ocultos, compra de votos, (del pueblo y de los legisladores) y todo tipo de engaños, maniobras mediáticas, represión, amenazas y trampas; el otro crimen, el político y social, es una pieza más de ese ambiente, quienes consciente o inconscientemente lo cometieron no se percatan de la cadena de consecuencias negativas que traerá para México y que no sabemos en qué concluirá.

Fueron los ministros de la Corte, envueltos en sus negras togas de lana, que les dio por usar recientemente para rescatar algo de dignidad, quienes cancelaron de un plumazo la tantas veces pospuesta democracia directa; rechazaron la consulta popular que se incorporó a la Constitución en el artículo 35 y que fue solicitada por millones de mexicanos. La excepción, que alienta y revive esperanzas, fue la del voto del jurista José Ramón Cossío, quien argumentó con razón que la consulta como un derecho humano superior en jerarquía al que, según sus colegas piensan, asiste al Estado.

No hay democracia representativa por los fraudes electorales, por la compra de votos y porque quienes debieran ser los mandatarios del pueblo se han convertido en servidores de un sistema cuyas decisiones finales se toman, no por el Poder Ejecutivo ni en las cámaras del Congreso, sino en las lujosas oficinas de las empresas y despachos que las patrocinan, ambientes lejanos al poder popular, pero cercanos a los poderes fácticos.

La Ley de la Consulta Popular y la reforma constitucional que es su base tuvieron como fin real, pero disimulado, aparentar apertura; sirvieron para negociaciones entre partidos; pensaron sus promotores que los ciudadanos no podrían reunir tantas firmas como las que se exigen y que no habría nadie que se decidiera a intentarlo a sabiendas de que la Suprema Corte podría frenar todo al final, como lo hizo. Lo lógico hubiera sido que primero se aprobara la pregunta y luego se recolectaran las firmas; se planeó el proceso al revés, para que los dóciles ministros de la Corte fueran la última barrera por si el pueblo, como lo hizo, salvaba todos los otros obstáculos.

Para estorbar la consulta, cada quien cumplió su papel: los partidos que forman parte del sistema improvisaron preguntas para que la de la verdadera oposición se perdiera entre las otras, los medios de comunicación pretendieron confundir y desorientar a quienes recababan firmas o a los que las estampaban; otro obstáculo fue la compleja papelería que se impuso, más la exigencia de números larguísimos en que los errores podrían darse fácilmente. Pero al final, los ministros cortesanos, una vez vencidas todas las barreras previas, cumplieron su parte desechando la pregunta por parecerles inconstitucional.

Por supuesto, no es anticonstitucional; la pregunta de Morena fue elaborada cuidando las exigencias del artículo 38 de la Carta Magna, pero al ver que se superó todo, buscaron una explicación para frenar el gran esfuerzo; la aparente razón que encontraron fue afirmar que la pregunta se refiere a los ingresos y gastos del Estado, que es uno de los supuestos prohibidos por el legislador constitucional. Eso no es así. La pregunta no se refiere ni al Presupuesto de Egresos ni a la Ley de Ingresos; nada tiene que ver directamente con estos instrumentos jurídicos que elaboran los legisladores y que pueden actualizar si se dan circunstancias que lo exijan.

La interpretación de la mayoría fue contraria a la intención del legislador constitucional que, amañada y todo, es permitir las consultas; un principio elemental de la interpretación de las leyes indica que debe atenderse al criterio más adecuado para que la ley surta efectos, no buscar pretextos para que no tenga ninguno. La Corte rebuscó argumentos precisamente para evitar que la ley pueda aplicarse; incumplió su papel, sirvió al sistema y los ministros sirvieron no a la justicia, sino las intenciones de sus padrinos que los pusieron en esos cargos. Pero no pudieron con ni desaparecer los millones de firmas ni ignorar el Zócalo lleno. Al fin y al cabo, la voluntad popular se expresó y la lucha sigue con nuevos bríos.

jusbb3609@hotmail.com


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Editorial: Tlatlaya: abrir paso a la justicia

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l Consejo de la Judicatura Federal (CJF) precisó ayer los delitos que se imputan a los siete efectivos del Ejército consignados hasta ahora por la muerte de 22 civiles en el municipio de Tlatlaya, estado de México, el pasado 30 de junio. De acuerdo con una tarjeta informativa divulgada por esa instancia del Poder Judicial, a Alan Fuentes Guadarrama, Julio César Guerrero Cruz, Roberto Acevedo López, Samuel López, Ezequiel Rodríguez Martínez, Fernando Quintero Millán y Leobardo Hernández Leonides se les imputó su presunta responsabilidad por ejercicio indebido del servicio público; a Quintero, Acevedo y Hernández se les atribuyó también su presunta responsabilidad por homicidio calificado en agravio de ocho presuntos secuestradores, abuso de autoridad y alteración ilícita del lugar y vestigios del hecho delictivo. En cuanto al teniente Ezequiel Rodríguez Martínez, fue acusado además del delito de encubrimiento, en la hipótesis de no procurar impedir la consumación de un ilícito.

Es un precedente saludable, sin duda, que la justicia civil haya levantado cargos en contra de militares en activo que cometieron delitos graves hacia particulares. Pero ciertamente las imputaciones referidas no parecen guardar correspondencia con la magnitud de la masacre, pues de ellos se inferiría que sólo tres de los uniformados perpetraron las ejecuciones. Por otra parte, no parece lógico que un puñado de soldados –entrenados en una sólida disciplina y en el acatamiento a las órdenes de sus superiores jerárquicos– hayan sido capaces de actuar por su cuenta en la comisión de 21 homicidios; si eso es cierto, el episodio no sólo sería indignante por los asesinatos de individuos inermes, sino también alarmante porque daría cuenta de una gravísima insubordinación en las filas del Ejército; si no lo es, cabría presumir, entonces, la existencia de acciones de encubrimiento de mandos superiores.

Por otra parte, no debe olvidarse que las imputaciones referidas fueron una reacción institucional a una revelación periodística y que durante tres meses las dependencias nacionales encargadas de procurar justicia –por no hablar de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que tardó incluso más tiempo en enterarse de la verdad– dieron por buena la versión inicial del Ejército de que la muerte de los 22 civiles en Tlatlaya había ocurrido en el marco de un enfrentamiento. Ello habla de una falla severa y en cadena y, por desgracia, hay sobrados elementos para suponer que no se trata de la única. Durante los seis años de la administración pasada, medios informativos, organismos humanitarios independientes y redes sociales documentaron decenas de ejecuciones extrajudiciales cometidas por efectivos policiales y militares que, hasta la fecha, no han sido plenamente esclarecidas y, en algunos casos, ni siquiera reconocidas.

Ante tal panorama, es inequívoca la necesidad de que el gobierno federal haga acopio de voluntad política para ir a fondo en el esclarecimiento y el deslinde de responsabilidades en el episodio de Tlatlaya y que extienda ese esfuerzo a los múltiples episodios similares denunciados, pero no sancionados o ni siquiera investigados, en el pasado reciente. Es la única manera de garantizar que tales hechos vergonzosos y lacerantes no se repetirán, y la única forma en que las instituciones pueden empezar a reconstruir su propia credibilidad.


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Herman Bellinghausen: La sombra de Jack Bruce

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omo tenía que ser, salió por la puerta de atrás, discretamente. Pero no en silencio. Apenas meses antes de su fallecimiento, Jack Bruce sacó Silver Rails (Esoteric Antenna, 2014), magistral como todas sus grabaciones de estudio; nuevamente con la colaboración de los virtuosos que tuvo por amigos, como Robin Trower y Phil Manzanera, y su hija, la rapera Aruba Red. Con hígado prestado, y deteriorada la vida, cerró en perfección su ciclo de medio siglo. Roger Waters reiteraría que nunca conoció un bajista mejor dotado. Bruce estuvo (y no lo notó nadie) en la médula del fenómeno que transformó al rock en música en toda la extensión de la palabra. Precozmente, pero con razón, José Agustín ya hablaba de una nueva música clásica en el año de La Crema, 1966.

Bruce nunca fue un improvisado. Tuvo de origen el registro completo. Criado en el nomadismo musical de sus padres, este escocés precoz estudió chelo clásico y jazz durante años, para aterrizar en 1962 en la crema y nata del blues-rock británico que comenzaba entonces su gran salto. Con inmejorable pedigrí llega en 1966 a Cream, en la compañía y el antagonismo de Eric Clapton y Ginger Baker. Procedía de las bandas de Alexis Korner, Graham Bond y John Mayall, nada menos que los padres-madres de la ola inglesa que transformó la música popular del mundo entre 1965 y 1970. Quizá fueron con Cream sus 15 minutos de fama, pero eso bastó. Por siempre ex miembro del power trio por antonomasia (más parejamente virtuoso que The Jimi Hendrix Experience, su estricto contemporáneo en la misma ciudad de Londres), algo más quedó asentado en la breve existencia de La Crema, agriamente disuelta en 1968: Bruce dominaba otro instrumento además del bajo eléctrico: su voz. Tenor desgarrado, determinó la textura vocal de Cream.

Luego resultó que Clapton era Dios. Y Jack no (More Jack Than God se titulará un disco de 2003). Pero sí, junto con Peter Brown, compositor de las piezas mayores del grupo, de Sunshine Of Your Love a Politician. En aquella época Clapton ya sonaba, y cómo, la lira, pero aún no se atrevía a componer. Y cuando lo hizo, nunca se salió del guión y se quedó en el blues, se lo comió entero; por eso es quien es, pero bajita la mano nunca corrió las aventuras extraordinarias de Bruce, quien en una entrevista reciente (Bass Player, junio de 2014) definía su posición en la música, él que siempre acompañó y estuvo acompañado por maestros, así: Una de las funciones del bajo es lograr que la canción suene bien, y si sólo la sigues nunca va a funcionar. Incluso con Cream había un montón de notas que no tocaba en las grabaciones. Tenía que ser relativamente funcional, pero hay formas muy creativas de hacerlo.

Cream realizó un acto alquímico singular y definitivo: naturalizó el jazz en el rock. De un sólo brochazo. Fue de hecho un trío concebido, por Bruce, como combo de jazz, pero nadie lo notó. Después de ellos, de su forma de tocar, todo fue posible. Estaban Traffic, Familiy, Spooky Tooth, Manfred Mann, Pentangle. No todo era Beatles, Kinks, Rolling Stones. Pero no fue fácil. Pronto Clapton y Baker mudaron al fugaz y muy cacareado supergrupo Blind Faith, con Steve Winwood y en vez de Bruce el gran bajista Rick Grech, de Family; o sea Cream sin él. Pero además de su costal de mañas, Jack tenía a la mano su bajo, su voz inimitable y su poeta. Con Peter Brown cometió Songs For A Tailor (1969) y les fue bien, pero en vez de quedarse en el lado pop de la vida saltó a los combos experimentales de jazz, las bandas radicales del rock y los compositores de vanguardia, como el austriaco Michael Mantler en Como es, suerte de ópera basada en Samuel Beckett. Al paso de los años la armaría con John McLaughlin, Billy Cobham, Tonny Williams, John Medezki. Con Frank Zappa (Apostrophe), Lou Reed (Berlin), Soft Machine (Land of Cockayne). Y no sólo en Como es colaboró con la audaz pianista Carla Bley.

Otra pasión que no abandonó fueron los tríos de considerable espesor, fugaces por naturaleza pero espacio para el virtuosismo minimalista: West, Laing & Bruce (secuela de Mountain), y sobre todo sus trabajos con Robin Trower, el hendrixiano guitarrista de Procol Harum, en Truce (1981) y Seven Moons (2008); como siempre, oro puro.

Todavía en 2012, sobreviviente de sí mismo y listo para entrar en calor, se instaló en La Habana con su cuate el guitarrista venezolano-inglés Phil Manzanera para tocar mambo en la orquesta de Augusto Enríquez. Una fuerza de la naturaleza lo define Trower, el requintista que mejor lo entendió. En cuanto a Clapton, resulta conmovedora su pieza acústica en memoria del amigo al enterarse de su muerte, rompiendo así su anunciado retiro; pero lo mejor es escuchar su solo final en la estremecedora Ships in the Night (1992, con Maggie Rilley). Rara vez estuvo Dios más cerca de sonar como Frank Zappa, merced a la alquimia de Jack Bruce, quien pocas veces como en esa canción estuvo tan cerca de cantar como los ángeles.


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Carlos Bonfil: 8 Festival de la Memoria

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os festivales internacionales de cine en México gozan de prestigio y de amplia cobertura mediática gracias a sus esfuerzos por reunir en ciudades importantes o en centros turísticos una selección del cine mundial más representativo, así como lo más novedoso de la producción nacional. Una sólida infraestructura, una amplia convocatoria de medios y la asistencia de actores y realizadores, todo en alfombras rojas esforzadamente glamorosas, contribuyen a garantizar su impacto mediático.

A lado de esos grandes festivales, proliferan otras iniciativas culturales (Ambulante, gira de documentales; DOCSDF, etcétera) que promueven, con menos glamur pero con agilidad comparable, cortometrajes y documentales que tienen una penetración mediática cada vez más creciente. Y de manera más discreta, existen pequeños festivales en el interior del país que asumen el compromiso de familiarizar a los públicos locales con una selección de películas nacionales y extranjeras que de otro modo tendrían oportunidades prácticamente nulas de ser apreciadas fuera de las grandes urbes.

Si se piensa que 78 por ciento del público mexicano no asiste al cine por factores restrictivos como la falta de poder adquisitivo, exclusión social y dificultades de ubicación geográfica (Mexican Screen Fictions, Paul Julien Smith, Cambridge, U.K., 2014), y concentra su atención en la rutina televisiva, se apreciará la importancia de difundir esos espacios de exhibición alternativa que son los festivales de cine regionales. Entre ellos cabe destacar la actividad del Festival de la Memoria, Documental Iberoamericano en Morelos, que desde 2007 propone cada año una selección de trabajos sobresalientes.

De sus cuatro secciones presentadas este año (Memoria, Documental mexicano, Identidad, Arte), destaca por su actualidad y sus propuestas originales una selección con documentales tan vigorosos como Occupy The Imagination: historias de resistencia y seducción, del chileno Rodrigo Dorfman (hijo del escritor Ariel Dorfman, quien con Armand Mattelart escribió un libro emblemático de los años 70, Para leer al pato Donald, un análisis de la penetración ideológica del neoliberalismo económico). A partir de la evocación de esa obra prohibida por la dictadura chilena, el director ofrece una mirada crítica a los saldos culturales y políticos del régimen militar y al complejo proceso de reconciliación nacional que actualmente vive Chile. Con referencias al cine testimonial del documentalista Patricio Guzmán (La batalla de Chile, El caso Pinochet, Memoria de la luz), y a la polémica escenificación de la obra teatral La muerte y la doncella, del propio Ariel Dorfman (con versión fílmica de Roman Polanski), la cinta aterriza su reflexión en los registros paralelos del movimiento juvenil Occupy Wall Street y el movimiento estudiantil chileno en contra de la privatización de la educación.

Otro documental notable, Tres instantes, un sueño, de la también chilena Cecilia Barriga, procede de modo similar reuniendo en un tríptico las protestas juveniles del movimiento 15M de los indignados en la plaza madrileña Puerta del Sol, la efervescencia contracultural de los ocupas neoyorquinos y la revuelta estudiantil chilena a partir de reivindicaciones de género, tomas pacíficas de instituciones educativas, y un activismo cultural encaminado a desmontar la labor desinformadora de los medios oficiales de comunicación.

España presenta también en el documental ReMine, el más reciente movimiento de la clase obrera, de Marcos Merino, la estupenda crónica de los tres meses de encierro y protesta desesperada de un grupo de mineros asturianos para mejorar sus condiciones laborales. Una edición muy ágil contrasta las ásperas negociaciones entre mineros y clase patronal, y la combatividad de las mujeres de los huelguistas que, contra todo pronóstico, mantienen vivo el movimiento. A estos títulos cabe añadir La muerte de Jaime Roldós, de Manolo Sarmiento y Lisandra Rivera, crónica de la misteriosa desaparición de un presidente progresista ecuatoriano, casi al mismo tiempo que otros mandatarios del hemisferio, por una acción conjunta de las dictaduras latinoamericanas (la llamada Operación Condor a finales de los 70), con participación directa de la CIA.

Otros títulos mexicanos notables, Lejanía, de Pablo Tamez; Los años de Fierro, de Santiago Esteinou; Alaíde Foppa, de Mari Carmen de Lara y Leopoldo Best, o Hasta el fin de los días, de Mauricio Bidault, entre otros, se integran a la selección para marcar la diversidad de un acto cultural crecientemente comprometido con las causas sociales.

El Festival de la Memoria, Cine Morelos, Cuernavaca, se realiza desde 29 de octubre hasta 6 de noviembre.

Twitter: CarlosBonfil1


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Ernesto Márquez: Tumbando caña

Written By Unknown on Senin, 03 November 2014 | 14.11

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ras 19 fechas de actividades culturales, con un balance positivo y la actuación del salsero panameño Rubén Blades –quien se unió al reclamo de justicia a los familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecidos ya hace un mes–, llegó a su fin la 42 edición del Festival Internacional Cervantino (FIC).

Pese a ciertos percances, no inherentes a la organización, la llamada Fiesta del Espíritu, avanzó, desde un principio, con paso firme. Salvo la ausencia del maestro Rodolfo Ritter, cuyo concierto no se realizó por motivos de salud, no hubo ninguna cancelación. Puntual a la cita llegaron las delegaciones artísticas de Japón y Nuevo León, país y estado invitados de honor, así como el resto de artistas que conformaron un programa equilibrado.

Desde el grupo de tambores japoneses Tokio Dageki Dan, que con su sonido ancestral inauguraron la fiesta en presencia de sus majestades, el príncipe Akishino, y su esposa, la princesa Kiko, al esplendido concierto de clausura a cargo de Blades y la orquesta de Roberto Delgado, todo fue un acontecer gozoso en sus variadas disciplinas.

La música clásica tuvo su punto altísimo con la presencia del pianista austriaco Rudolf Buchbinder, quien interpretó con rigor, compenetración y virtuosismo las 32 sonatas de Ludwig Van Beethoven, en siete conciertos que en unidad fueron calificados por público y crítica de acontecimiento de indudable relevancia artística.

En el apartado de música contemporánea destacó la presencia del Ensemble Contemporain, en el vetusto recinto del Teatro Juárez. Al joven director Julien Leroy se le ocurrió colocar en la pieza Fifth station, del compositor japonés Dai Fujikura, parte de los atrilistas entre el público: cuerdas en los balcones; bronces y alientos en la platea, quedando tan sólo violoncelo y trompeta en el escenario. LeRoy dirigió de frente al público, y desde los primeros acordes la música nos envolvió como manto sagrado. Algo único e irrepetible que a quienes lo vivimos nos deja la huella indeleble de lo sublime.

La danza, como siempre, cumplió al presentar diversas tendencias, variadas propuestas, como la del provocador coreógrafo japonés Akira Kasai, quien con su propuesta del butoh para los tiempos presentes, realizó un programa especialmente diseñado para el FIC el cual intituló Hayasasurahime, que es el nombre de la diosa que recibe todas las impurezas, vicios y vergüenzas del mundo y las convierte en luz, según nos dijo Kasai en entrevista, al tiempo de confesar que él parte de esa creencia con un sentimiento y posesión chamánica a la acción dancística.

Pero lo que verdaderamente deslumbró/entusiasmó al público concurrente al Auditorio del Estado (sede de las artes danzarias) fue la pieza Alejandro, del Ballet de Belgrado, que no sólo evocó la compleja historia del conquistador Macedonio, con su aprendizaje aristotélico, sus triunfos militares y tragedias, sino que aportó otras lecturas desde sus siete desarrollos dancísticos, con cerca de 30 primeros bailarines en escena bajo la conducción del coreógrafo Ronald Savkovic, quien dijo a este columnista que si hubiera un menaje derivado de la construcción del espectáculo sería la constante trágica de la guerra que aún seguimos padeciendo.

Las comedias Sueño de una noche de verano, Mucho ruido y pocas nueces y el drama Hamlet fueron las puestas teatrales que se presentaron por el festejo del 450 aniversario del natalicio de don William Shakespeare.

La primera, una aproximación a Shakespeare del dramaturgo francés Clément Poiré, propuesta que no convenció del todo por sus diálogos en galo que restaba fuerza humorística al original en inglés. La segunda, un acierto de Juliana Faesler, quien mediante un mecanismo de imágenes y música en escena (la Orquesta de Cámara de Bellas Artes) hizo destacar las fibras emotivas que comparten los involucrados en esta deliciosa comedia de enredos.

Las actividades de calle y los conciertos de música popular, renombrados por el FIC Músicas del mundo, fueron, quizás, a ojos del paseante o del público general, las que determinaron el éxito de esta fiesta cultural.

En la explanada de la Alhóndiga de Granaditas, por ejemplo hubo de todo y para todos (ya escribiremos de ello), siendo el lleno más impresionante y la fiesta más gozosa la convocada por el grupo regiomontano El Gran Silencio. Lejanos ya de los escenarios callejeros, cuando venían a disputar espacios a los mimos; cerca, sí, del corazón de la banda que en todo momento le demostró fe y adhesión a su chuntaro style.

Este es apenas un apretado resumen de lo sucedido. Espero en próxima entregas narrar algunos otros momentos. Por lo pronto sugiero ver la programación de Canal 22 y los especiales que grabaron en su momento.


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Editorial: CNDH: deterioro persistente

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a andanada de señalamientos críticos acerca del desempeño de Raúl Plascencia Villanueva como presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) –que en semanas recientes sumó voces de organizaciones sociales y activistas independientes– llegó ayer a las cámaras de Diputados y Senadores, varios de cuyos integrantes cuestionaron la labor del ombudsman e incluso le sugirieron desistir de sus intenciones de relegirse al frente del mencionado organismo.

A lo anterior se suma el hallazgo de que el expediente entregado por el propio Plascencia Villanueva al Senado, con documentación que respalda sus aspiraciones para presidir la CNDH otros cinco años, incluye 3 mil cartas elaboradas en su mayoría con una misma redacción y supuestamente presentadas por distintas organizaciones en apoyo al funcionario, lo que hace suponer que tales escritos no fueron elaborados de motu proprio por los firmantes, sino que salieron de las propias oficinas de la CNDH. Semejante hecho da cuenta de que ese organismo público, supuestamente ciudadano y apartidista, ha venido recurriendo a las peores prácticas del acarreo corporativo y clientelar, mediante el uso de textos como los referidos.

Si en política la forma es fondo, la práctica mencionada es fiel reflejo del deterioro que ha caracterizado a la CNDH durante la actual gestión, en la que ha actuado no como organismo de Estado encargado de salvaguardar las garantías individuales, sino como una dependencia gubernamental supeditada a los poderes Ejecutivo federal y los estatales, y proclive a conducirse con obsecuencia inadmisible ante abusos de las autoridades: baste recordar las críticas que suscitó su dictamen sobre los hechos del 9 de julio en Puebla, donde un proyectil disparado por elementos policiales mató al menor Luis Alberto Tehuatlie; la indignación que ocasionó su alineamiento inicial a la versión oficial sobre los sucesos del 30 de junio de Tlatlaya, y la desconfianza que ese organismo ha generado, por su inacción, entre los familiares de los normalistas muertos y desaparecidos en Iguala el 26 de septiembre, quienes han preferido recurrir a instancias internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La actitud omisa, errática, parcial y opaca de la CNDH no sólo es impresentable en términos políticos, sino que se traduce en condiciones de desprotección para las víctimas de violaciones a los derechos humanos y sus familiares, en claro incumplimiento de su mandato constitucional. Por lo anterior, más allá de los enjuagues políticos coyunturales por el juego sucesorio en la CNDH, lo ideal sería que cabe esperar que los legisladores esclarezcan, y en su caso sancionen, las posibles faltas atribuibles a una conducta institucional que ha generado una intolerable indefensión de los ciudadanos ante los excesos y atropellos de servidores públicos, alienta la impunidad en los casos de violaciones a los derechos humanos y profundiza el descrédito de las instituciones ante la opinión pública.

Finalmente, ante la evidencia del extravío a que ha sido llevada la CNDH, es necesario que los senadores hagan del proceso de designación del nuevo presidente de ese organismo un ejercicio de máxima transparencia, haciendo públicos los criterios de selección y que adopten una decisión que verdaderamente refleje interés por la observancia de los derechos humanos, y que no sea rehén de los intereses político-partidistas.


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Guillermo Almeyra: Brasil después de las elecciones

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n Brasil, el país más grande y poblado de nuestro continente, el Partido de los Trabajadores (PT) logró una victoria a lo Pirro a pesar de que Lula lanzó todo su peso político a la campaña por la relección de Dilma Rousseff, pues ésta superó por sólo tres millones de votos (menos de tres puntos de porcentaje) a su adversario, el neoliberal declarado Aécio Neves.

Desde hace años, en cada elección de Lula, el porcentaje de votos del PT cae. Por otra parte, Dilma Rousseff no puede considerar suyos todos los poco más de 50 millones de votos que obtuvo porque en la segunda vuelta, una buena parte del millón y medio de votantes en la primera vuelta de Luciana Genro, la trotskista ex parlamentaria del PT en Río Grande do Sul, dio su voto crítico a la candidata petista contra el peligro revanchista de Neves. También millones de electores que antes votaron por Marina Silva contra el PT desacataron la orden de votar por Neves en 47 de las 51 ciudades donde la evangélica había sacado más sufragios que la presidenta y lo hicieron contra el hombre de los banqueros (en Pernambuco, por citar sólo un ejemplo, Silva había obtenido en el primer turno más de 60 por ciento y Dilma logró en el segundo 71 por ciento, contra cerca de 40 de Neves).

En esta pelea entre dos sectores de la burguesía brasileña y dos políticas burguesas que tienen muchos puntos en común, la representada por el PT y dirigida por los centroderechistas que encabeza Lula logró en efecto el apoyo electoral de los sectores más pobres mientras los sectores decisivos de la burguesía nacional e internacional conseguían canalizar a los más conservadores y ricos, desde las clases medias más acomodadas hasta los financieros, terratenientes y especuladores.

De las urnas salen dos Brasil contrapuestos, ambos con políticas de defensa del sistema capitalista, pero opuestas políticas sociales y que tienen casi el mismo apoyo popular: el que encabeza el PT, con un poco más de 51 por ciento de los votos y el del gran capital, con casi 49 por ciento.

Pero el menos numeroso puede hacer bajar la bolsa, las acciones de Petrobras, la moneda nacional como forma de votar contra el PT y canaliza la movilización –no forzosamente derechista– de la mayoría de los estudiantes y de buena parte de las clases medias (que en realidad protestan por la corrupción y protestaron antes del Mundial de futbol por el transporte y por la utilización insensata de los recursos públicos). El atraso político tradicional y la desinformación imperantes en el país facilitan también la acción intoxicadora de los medios de información dirigidos por grandes capitales.

No hubo ninguna victoria de la izquierda. El gobierno del PT salió de los comicios políticamente debilitado y sin firme base social, aunque tuvo el apoyo crítico de los sindicatos y de los campesinos más radicales, como los del Movimiento de los Sin Tierra, muy descontentos frente a la alianza de los gobiernos de Lula y de Dilma con los soyeros y el gran capital. Tiene, además, un Senado mayoritariamente conservador y muy hostil y una Cámara de Diputados con 28 partidos diferentes, la gran mayoría oportunistas y reaccionarios, con los que tendrá que negociar cada medida que proponga para tener o mantener una base popular.

Neves fue apoyado por el gran capital, la extrema derecha, los sectores más reaccionarios (como la mayoría de las sectas evangélicas brasileñas que son, en realidad, la simple creación de gente sin escrúpulos que aprovecha para hacerse millonaria con la extrema ignorancia de muchos brasileños). El mero asistencialismo de Lula y Dilma efectivamente sacó de la extrema pobreza a millones de personas, pero las hizo dependientes de las bolsas de comida y los subsidios del Estado providencial, no las educó políticamente sino de un modo muy elemental (hablando de un enfrentamiento de los ricos contra los pobres). Sobre todo, impidió que los explotados y oprimidos fueran políticamente independientes y creadores de su propio destino.

Su política y su ideología, como el extractivismo desenfrenado (soyero, minero, maderero); la idea capitalista del crecimiento económico a cualquier costo, incluso del desarrollo social; la expulsión del PT de los críticos de izquierda, y la visión de Brasil como una unidad sin división de clases, impidieron que los trabajadores se separasen de los explotadores y les contrapusieran su propio programa.

La crisis mundial no deja hoy margen para las soluciones a medias ni los compromisos podridos. La política distribucionista y paternalista –en Brasil y en los otros países con gobierno progresistas– está acabada. El gobierno del PT está, como dicen los italianos en la fruta, terminando el banquete progresista. Una parte del PSOL y de la izquierda anticapitalista, responsablemente, votó en la segunda vuelta contra Neves, evitando así lo peor y dándole un poco de oxígeno al gobierno. Otro sector del mismo partido y otros grupitos de extrema izquierda, como el PTSU y el PCR, prefirieron, en cambio, seguir diciendo que todos son iguales, porque todos son partidos procapitalistas y llamaron a sumarse a los 30 millones que, por atraso y pereza mental, prefieren dejar que otros decidan por ellos. A la izquierda del PT, donde sin duda habrá diferenciaciones, no hay por lo tanto sino una estéril política sectaria de los abstencionistas sin propuestas o un apoyo crítico al gobierno que prolonga un poco más su progresismo, pero que no crea las bases para una alternativa anticapitalista a la política neoliberal asistencialista y distribucionista de los ingresos, que ha perdido sus bases y está siendo golpeada ferozamente por la crisis. Una de las conclusiones de este peligrosísimo proceso es, por lo tanto, que hay que reconstruir una izquierda anticapitalista en Brasil para enfrentar los choques que se aproximan y abrir el camino a una fase más radical.


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Puntos sobre las íes

F

ue un galimatías.

Carlos, puede decirse, en toda su vida fue un verdadero Ciclón, y en la última entrega para La Jornada, nos referimos a la temprana decisión de irse del toreo, con apenas 28 años de edad, para entrarle con mexicana alegría a la dolce farnienti, hasta que llegó el momento en que se quedó en la Quinta Chilla, tras haber hipotecado dos de sus propiedades y sin poder pagar las mensualidades que los bancos le exigían.

Bien. Si nos hemos referido con inusual extensión para este tipo de situaciones, lo hemos hecho para honrar la memoria del extraordinario Manolo dos Santos, que le dio a Carlos todo el dinero que había ganado en México para que pudiera liquidar sus deudas.

¿Quién cómo él?

***

Volvamos, pues, a lo nuestro.

Una vez que Carlos pudo salir del pozo que él mismo había cavado, sólo dos propósitos lo alentaban: poder pagarle a dos Santos a la brevedad posible y que su novia sevillana lo perdonara por lo pasado y así poder pedirla en matrimonio.

Ya se podrán imaginar el disgusto de doña Cristina y demás miembros de la familia, pero disgustos o no, cuando Carlos llegó a Caracas ahí estaba su madre dispuesta a darle ánimos, sin preguntas, ni reproches.

Habían pasado ya dos años entre la ida y el retorno, en medio de los cuales participó en la filmación de una película, pero una cosa era torear ante el ojo de la cámara y otra ante los ojos del público y, para acaba de amolar, alternaría nada menos que con Manolo dos Santos y Manolo González, dos extraordinarios toreros.

Haciendo de tripas corazón, pudo dominar sus nervios y bien, muy bien, se le dio la tarde, ya que cortó orejas en sus dos enemigos, al igual que sus alternantes, por lo que los repitieron el siguiente domingo, sólo que no hubo de piña, por lo difícil del ganado, y de ahí a Colombia dónde vivió momentos inolvidables.

Aterradores.

***

El color morado.

Al Ciclón no le gustaban los trajes de torear obispo y oro, ya que cuando llegó a vestirlos las cosas no le rodaban bien. De España le habían enviado tres ternos, uno de ellos morado y oro y después de hacerle ascos, le dijo a Javier Cerrillo que se iba sobreponer a sus infundados temores, y ya en la puerta de cuadrillas le comentó ojalá y no vaya a pasar algo.

A su primer toro lo recibió lucidamente con el capote, y ya con los palitroques colocó un soberbio par –uno de esos, de los suyos–, pero en el segundo el toro se le enfrenó en el viaje y lo prendió de fea manera, elevándolo a gran altura y volvió a engancharlo, con tal fuerza que lo aventó dentro del callejón, una gran suerte, ya que de no ser así, lo hubiera matado.

Eso sí, fue tal la cornada que le atravesó completamente el muslo. La hemorragia fue muy severa y ya en le enfermería les dijo a su apoderado y a Cerrillo: ya lo ven, fue el traje.

***

Un doctor improvisado…

Al aproximarse el médico de plaza para examinarlo, Carlos se percató de que estaba totalmente ebrio y no permitió que lo hiciera, al igual que don Andrés y Javier, y como el galeno le dijo Matador, lo voy a anestesiar El Ciclón se negó a la vez que le decía: con ese aliento ni falta hace, me va usted a dormir.

Y aunque resulte muy difícil de creer, Javier Cerrillo le taponó la herida, y cuando les preguntaron a qué hospital debía llevarlos la ambulancia, los tres dijeron que al mejor, y a uno muy grande los llevaron, para encontrarse con varios problemones tamaño caguama.

Nadie los esperaba, nadie sabía qué hacer, no había médico, y en tanto Carlos se desangraba y sufría espantosos dolores.

Por fin, tras de mil averiguaciones, accedieron a llevar a Carlos a la sala de operaciones, pero antes de comenzar a operarlo les dijeron que tenían que pagar por adelantado.

¿Cómo podrían pagar, si estaban vestidos de luces y no llevaban un centavo con ellos? –ya no digamos en la bolsa– y, de nueva cuenta, otra vez los gritos y los sombrerazos y, por fin, se comunicaron a la plaza y ahí les dijeron a los reacios responsables que ellos se hacían responsables de todo.

¡Y otro terrible problema!

¡Mil veces peor!

No había médicos y el único que estaba era un estudiante de medicina al que le faltaban tres años para recibirse.

Y ya continuaremos…

AAB

syanpsisaab@yahoo,.com.mx


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Antonio Gershenson: Se confirma la entrega del petróleo, la electricidad y el país

L

a Suprema Corte de Justicia de la Nación, mostrando su falta de autonomía, rechazó las propuestas, respaldadas por millones de firmas, en contra de la entrega en diversas formas de Petróleos Mexicanos (Pemex) y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y en general de la industria estatal en el ramo.

Se da este hecho en un momento en el que bajan el valor y la producción de estas empresas, y el precio del petróleo disminuye en forma escandalosa de más de 100 dólares por barril a menos de 80.

En el petróleo tenemos una caída de 29 por ciento en la producción. Se entregarán estas empresas estatales, autorizaciones y demás, a precios de ganga, como veremos en unos ejemplos. Uno es el endeudamiento. Rebasa los 3 billones de pesos, casi 20 por ciento del PIB del país.

Otro ejemplo: se han reducido las reservas de petróleo. El primero de enero de 2014 fue 3 por ciento menos que el mismo día de 2013.

Algunos más: la producción de Pemex bajó de 3.37 millones de barriles de crudo en 2003 a 2.46 millones, promediando hasta agosto, con una baja de 27 por ciento sostenida.

El precio internacional, y por lo tanto el nacional, del petróleo crudo se ha venido abajo. De más de 100 dólares por barril, cae a menos de 80 dólares, por lo pronto. Pero además se reduce la capacidad de producción de petróleo crudo de 3,383 miles de barriles diarios en 2004, a 2,391 en 2014.

Se reduce también la producción de gas no asociado, donde los monopolios extranjeros tienen el control de la gran mayoría. Para negarles su tesis de entrega a las trasnacionales, desde 2007, con 2,613 millones de pies cúbicos diarios (mmpcd), hasta 2014, promediando lo disponible (hasta agosto), la producción bajó a 1,665 mmpcd, una caída de 64 por ciento. ¡Esa es la gran eficiencia de las empresas extranjeras, que para gastar sí son buenas! La producción de gas asociado, controlada por Pemex, a la que quieren reducir lo máximo posible, en ese mismo periodo pasó de 2005 con 2,954 mmpcd, a agosto de 2014 con 4,105 mmpcd. Aumentó 28 por ciento.

También se mostró una caída de los pozos petroleros que fueron terminados: de 60.5 por ciento en 2013, hasta 23.1 por ciento hasta junio de 2014.

El gobierno también empieza con algunos retrocesos, como la suspensión de la construcción del gasoducto en Puebla. Si esto tiene alguna lógica, tendrían que suspender toda la obra, no es nada útil un par de pedazos de gasoducto.

Además, esos asesinatos políticos han desgastado más al gobierno, le han creado problemas en el país y en el exterior, y los medios estudiantil, magisterial, político, etcétera. No sólo hay un gran problema económico, sobre todo en el sector de energía, sino que hay para el gobierno un problema político.

Sí, necesitamos un cambio, pero no el que proclaman los discursos. Necesitamos un cambio con recuperación de los bienes nacionales, incluso en la industria petrolera, y hacerlos funcionar con las ideas de la expropiación y de los años en los que nuestro crecimiento fue de 6 por ciento, actualizadas y en beneficio del pueblo, no de las trasnacionales en primer lugar y en segundo de los multimillonarios locales, que incluyen altos funcionarios.

Insistimos, los discursos no van a resolver los problemas. Ni los asesinatos ni los de la economía nacional, menos los de la industria petrolera, que para ellos no es sino un botín para entregar en primer lugar a las empresas extranjeras.

antonio.gershenson@gmail.com


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