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Napoleón Gómez Urrutia: Los derechos laborales son derechos humanos

Written By Unknown on Jumat, 04 Oktober 2013 | 14.11

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n el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), junto con las privatizaciones arrasadoras de las empresas del sector público, incluidas las del minero, sucedió que tanto los derechos electorales como los laborales fueran excluidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, lo mismo que los asuntos migratorios, sobre la base de que ese fue el compromiso con el gobierno de Estados Unidos de George Bush padre para echar adelante dicho tratado por fast track en aquel país. Con ello se quedó en manos del gobierno tanto la calificación de las elecciones como el manejo irrestricto de los asuntos de la relación entre patrones y sindicatos.

Ambos hechos fueron altamente negativos, ya que bajo la apariencia de una supuesta soberanía en materia de derechos humanos, se quedaron unos, los asuntos electorales, en manos exclusivas del gobierno, que por entonces no se había visto en la necesidad de proceder a una reforma que independizara los comicios de la injerencia del Poder Ejecutivo. Esto se logró sólo parcialmente con posterioridad, pero las relaciones laborales quedaron en manos de la administración pública en alianza con los poderosos sectores de la iniciativa privada.

Sin embargo, cuando estaba Felipe Calderón en la Presidencia de la República (2006-2012), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo internacional panamericano, conminó al panista para que le diera entrada a los derechos humanos como parte sustancial de las leyes mexicanas, so pena de quedar exhibido ante el mundo como uno de los muy pocos países que vivían a espaldas de los propios derechos humanos. Esta presión fue suficiente para que el gobierno de Felipe Calderón decidiera incorporarlos a las leyes mexicanas, y así quedó publicado oficialmente el 10 de junio de 2011 en los artículos 1º y 102 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Por cierto, ese gobierno la realizó casi en silencio y no le prodigó una celebración especial al acontecimiento.

Este hecho determinó que los derechos del trabajo quedaran sujetos a estos dos artículos constitucionales, sobre todo del 1º, autentificado en su momento por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, asuntos laborales que desde ese momento dejaban de estar al margen de la constitucionalidad de México. Así que hoy, un trabajador o un sindicato pueden acudir formalmente a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para demandar que se respeten los derechos laborales, que ya son derechos humanos, una vez que la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje no resuelva ni se pronuncie sobre la demanda del imperio de los derechos humanos en la materia laboral de que se trate. De no ser así, se podrá acudir a la CIDH, cuyas resoluciones son vinculantes, o sea, de obligada obediencia.

Como están las cosas, diversas prácticas administrativas del gobierno en materia laboral, así como las juntas de conciliación y arbitraje, resultan estar contraviniendo los derechos laborales humanos, y estos diferendos pueden ser turnados a la CNDH para su justa resolución o sugerencia. Esta servirá para fortalecer la exigencia de que se eliminen del derecho laboral mexicano tanto la llamada toma de nota, práctica sólo administrativa que viene desde la Italia fascista de Mussolini para el control político de los sindicatos. La existencia de las juntas de conciliación y arbitraje supone un atentado contra los derechos de los trabajadores y de los sindicatos, ya que se trata de organismos del Poder Ejecutivo que hacen las veces de juez y parte, no son imparciales en el manejo de las controversias y conflictos del trabajo ni de las relaciones obrero patronales, y normalmente están bajo el control de la clase empresarial.

Ha sido una justa demanda del auténtico sindicalismo que se extingan las juntas de conciliación y arbitraje y la toma de nota del panorama laboral de México. En vez de ellas, deben establecerse tribunales laborales independientes del Poder Ejecutivo y que pertenezcan al Poder Judicial, con lo cual se abrirá un espacio correcto para la resolución de los conflictos en materia de trabajo, ya que tendrán la aportación de la doctrina de los derechos humanos.

En cuanto a la toma de nota, que no es sino un indebido reconocimiento administrativo del gobierno a la existencia y a las acciones de las organizaciones sindicales, urge que se cancele para siempre. Los trabajadores tienen el derecho inalienable y universal de regir su vida de acuerdo con sus propias determinaciones y no deben depender de la gracia del gobierno. Ese reconocimiento oficial fractura la autonomía de los sindicatos y vulnera la libertad sindical, que son determinaciones que la Organización de las Naciones Unidas, a través de la Organización Internacional del Trabajo, ha establecido en sus convenios 87 y 98, respectivamente, sobre la libertad sindical y sobre el derecho a la contratación colectiva entre trabajadores y patrones.

México, en el cumplimiento de la vigencia de los derechos humanos laborales, no puede ni debe seguir dándole la espalda a la infinita mayoría de las naciones del mundo.


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Editorial: 2 de octubre: ¿violencia fabricada?

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yer, a 45 años del crimen de Estado cometido en la Plaza de las Tres Culturas de esta capital contra estudiantes, jóvenes y ciudadanos inermes, se llevó a cabo una marcha multitudinaria y pacífica para recordar aquellos agravios y los presentes. Concurrieron los dirigentes históricos del movimiento estudiantil de 1968, contingentes de estudiantes contemporáneos, maestros en lucha contra la llamada reforma educativa y otros sectores ciudadanos progresistas. Fue, en general, una manifestación pacífica y ordenada en un entorno urbano injustificablemente cercado y sitiado.

Sin embargo, el accionar de pequeños grupos violentos derivó en actos vandálicos, confrontaciones con elementos policiales, decenas de lesionados en ambos bandos y, sobre todo, en un desplazamiento de la manifestación central en la mira de la opinión pública, hecho al que contribuyó el gran despliegue mediático de los zipizapes y la escasa cobertura brindada a la culminación de la marcha y al mitin que tuvo lugar, finalmente, en la glorieta del Ángel de la Independencia.

El inusitado y excesivo despliegue policial, por un lado, y la presencia de grupos resueltos a provocar violencia y de policías vestidos de civil se repitió una vez más, como ocurrió el 1º de diciembre de 2012 y el 13 de septiembre pasado. Otra similitud con esas fechas fue la detención y el severo maltrato de personas ajenas a los hechos de violencia.

Este patrón de hechos hace pensar que existe el designio de criminalizar la protesta social pacífica, asociarla en el ámbito de los medios con la barbarie y la violencia irracional y crear en la opinión pública corrientes de juicio propicias para una política represiva en gran escala. Ante la pregunta inevitable sobre el origen de semejante determinación, peligrosa, provocadora y autoritaria si las hay, la respuesta ineludible, de acuerdo con los elementos de juicio disponibles, es que parece provenir de uno o varios estamentos del poder público. Así lo indican la introducción de grupos de choque de las corporaciones policiales en las protestas del 1º de diciembre y del 13 de septiembre, la tolerancia de las autoridades ante actos de destrucción de propiedad pública y privada y, posteriormente, el atropello y el exceso contra ciudadanos –jóvenes, en su gran mayoría– que se conducían en forma documentadamente pacífica.

Tales tácticas evocan, quiérase o no, el uso criminal por el poder público de grupos irregulares de provocación, choque y represión, como el Batallón Olimpia en 1968, los halcones en 1971 o los grupos porriles que actuaron –y siguen haciéndolo– en contra de diversas instituciones universitarias.

Una de las principales diferencias entre aquellos tiempos y los actuales es que la organización ciudadana, las redes sociales y la disponibilidad generalizada de instrumentos de tecnologías de la información han hecho posible, ahora, documentar de manera fehaciente el accionar de esos mecanismos de provocación de violencia y represión. En tal circunstancia, las autoridades –locales y federales– tienen ante sí el deber de indagar esos usos inaceptables e ilegítimos de la fuerza del Estado, deslindarse de los mandos que han recurrido a ellos y sancionarlos conforme a derecho.

Esta violencia que parece programada y fabricada para las cámaras, en primer lugar, y en segundo para los ojos de una ciudadanía pacífica pero descontenta, a la que se buscaría dar un escarmiento, no puede tener cabida en el México contemporáneo. Por el contrario, resulta uno de los remanentes del Estado autoritario que hace 45 años perpetró la masacre de Tlatelolco. Así fuera por esa sola razón, hoy mantiene toda su vigencia la consigna: no se olvida.


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Adolfo Sánchez Rebolledo: Los tlacuilos del 68: instante e historia

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ebuscando entre mis viejos papeles doy con un breve texto leído en una mesa redonda sobre La literatura y el movimiento de 1968, realizada poco antes de cumplirse 30 años de los trágicos hechos del 2 de octubre en Tlatelolco. Todavía en ese tiempo, la visión de lo que había ocurrido estaba opacada por el silencio oficial, que es la máscara preferida de la impunidad. Pero la terquedad de los testigos, la resistencia a la mentira y, por consiguiente, el valor moral y cívico de la mayoría de la generación del 68, como la denomina Raúl Álvarez Garín, impidió que el olvido sepultara el recuerdo de los hechos trágicos, reivindicando las lecciones históricas de aquel movimiento de masas que vino a marcar un hito de nuestra convivencia.

Que eso fuera posible se debió, entre muchos factores, a los libros del 68 y, en particular, a los que fijaron la memoria colectiva y la nombraron para siempre, desentrañando los episodios más oscuros, como la misma matanza del 2 de octubre, en que atribuían a las víctimas las responsabilidades de los victimarios. Entiendo que sería largo (aunque no inútil) enumerar la ya riquísima lista de estudios, testimonios y recopilaciones que dan cuenta de lo ocurrido en ese año axial, que dijera Octavio Paz, dar cuenta de las abundantes interpretaciones dadas a la historia y las conclusiones extraídas por acuciosos investigadores sobre el significado más profundo del movimiento, volver a las publicaciones periódicas que intentaron mantener viva la disidencia, es decir, asumir a plenitud la actualidad del movimiento en su despliegue (y no sólo su desenlace brutal) como fuente desencadenadora del cambio democrático en México, con todos sus matices y derivaciones. Sin duda el 68 aún marca nuestro presente en la medida que el ciclo democrático, no obstante los lentos avances registrados en algunos campos, extendiendo las libertades públicas y otros derechos, no ha terminado de crear una nueva relación entre sociedad y Estado regida por principios de equidad y justicia capaces de revertir la desoladora desigualdad en la que sobrevivimos como país.

En 1998, es decir, anteayer, la verdad del 68 aún tenía enemigos temibles dispuestos a no dejar que ésta se hiciera pública. Con la finalidad de proteger a los mandatarios responsables se cerraron archivos o se manipularon procesos. Pero nada pudo silenciar la obra de los modernos tlacuilos que grabaron a sangre y fuego las razones de las víctimas. Sin embargo, en el texto que he citado, aún echaba de menos la aparición de la gran novela del 68. Y decía: Revueltas nos dejó algunos textos magistrales escritos durante el movimiento y luego en y sobre la cárcel, su viejo y conocido infierno, pero no pudo o no tuvo tiempo de escribir la novela del 68. Muchos escritores se asomaron a las ventanas del 68 para ubicar en ese tiempo la ficción, pero la realidad, asumida como recuerdo colectivo, como memoria oral, que se rehace a fuer de repetirse para vencer al olvido, es aún más fuerte, mucho más fuerte y poderosa que nuestra memoria literaria. Es curioso, pero el mundo del poder (donde se tomaron las decisiones) apenas si ocupa lugar alguno en la narración. Los personajes del campo oficial son todos grotescos, figuras esperpénticas, pero de una calidad infinitamente gris, ínfima. En ellos, la realidad abusa de la caricatura. Su presencia en los hechos que llevan a la tragedia carece de densidad; son inasibles, apenas burocráticos. La memoria les pasó por encima, los borró y en el lugar, leve, sólo se escucha el himno a la dignidad que no fue clausurada en Tlatelolco. ¿Alguien imagina a los diputados que pretendieron ahogar a Barros Sierra como personajes de reparto de un drama medianamente creíble? Será preciso mucho talento para darles vida sin desvanecerlos por completo.

Por eso la gran literatura del 68 –me planteaba– está en otro lado; en la poesía, subrayo en la poesía y también en la crónica. Elena Poniatowska concibió el gran mural del 2 de octubre, dándole la palabra a los participantes con nombre y apellido, lo cual permitió mantener fresco el relato hasta nuestros días. Luis González de Alba nos contó el 68 desde adentro (literalmente desde la prisión de Lecumberri), la saga de los estudiantes. Y, sobre todo, las grandes narraciones de Carlos Monsiváis reunidas en el libro Días de guardar nos ofrecen con la fuerza original de la palabra el relato fundador. Si puede hablarse seriamente de algo semejante al espíritu del 68, éste debe buscarse en esos relatos, escritos y publicados durante los acontecimientos.

Monsiváis fija definitivamente los grandes trazos de ese mundo nuevo que nace bajo las banderas de la protesta estudiantil. Hurga en sus raíces, en el entorno mitificador y a la vez petrificado del Estado revolucionario, en la ideología y los valores, en una palabra, en la cultura nacional y sus entonces referentes obligados. En esos textos aparecen, por vez primera, las señales de la nueva modernidad mexicana; allí están revelados los protagonistas primigenios de una época que se anuncia rompiendo tabúes, normas, viejas resistencias autoritarias.

La manifestación del rector es el gran vislumbre del movimiento estudiantil. La manifestación sería democrática. Tal era el carácter del movimiento estudiantil y todo se ajustaba a ese designio. Monsiváis describe, recrea, pero sobre todo introduce al lector en un mundo que sólo puede comprenderse a la luz de las otras historias que en él concurren. La dialéctica entre la relación de los hechos y el pasado inmediato nos ofrece, al final, un cuadro que puede mirarse en muchos planos, sin concesiones simplificadoras ni ajustes autocomplacientes. Allí reconocemos a la izquierda quitándose la máscara de la solemnidad, a la derecha, a los líderes y los brigadistas estudiantiles, al rector, al cine y la tv, los medios estrenándose como supremos manipuladores, reducidos a la estatura de la prensa venial, pero sobre todo posan para ser descritas por el moderno Casasola-Monsiváis las nuevas imágenes: la asamblea, el provocador, el grillo, el acelerado, el brigadista, el liberal consecuente, el mártir. Gran mirada a la instantaneidad del paso de la historia. Leamos los libros del 68. ¡Dos de octubre no se olvida!


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Julio Hernández López: Astillero

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LA MEMORIA FLORECE. Durante la jornada de protesta de ayer, activistas se cubrieron la boca con mensajes alusivos a la masacre del 2 de octubre de 1968Foto Prometeo Lucero

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iolencia desbordada al inicio del mes de las reformas. Una especie de advertencia sin capucha ante las otras protestas por venir. Mezcla de proporciones imprecisas: infiltrados y provocadores forzando la confrontación con los cuerpos de seguridad pública, jóvenes genuinamente hartos y desesperados que se suman a la violencia de desahogo, manifestantes pacíficos y experimentados que quedan en medio de la trifulca, una marcha histórica y simbólica que es desviada de su propósito original tanto por el secuestro del Zócalo capitalino (y la sordera del sistema ante la creciente protesta) como por el nuevo grado de confrontación pública aparecido ayer.

Los choques en el centro capitalino dan inmediato parque a favor de la mano dura en el conjunto mayoritario de medios de comunicación proclives al dictado oficial. El ambiente ha sido envenenado contra la disidencia y la movilización, y los sucesos de este 2 de octubre son inmediatamente convertidos en una presunta confirmación extrema de que las autoridades deben ya aplicar toda su capacidad represiva en el control de estos procesos aparentemente espontáneos. La exacerbación de ánimos llega a un punto culminante justamente en el tramo de calendario que corresponderá a la aprobación pactada de las reformas peñistas en materia electoral, energética y fiscal.

Los causantes de las confrontaciones son genéricamente identificados como anarquistas y forman un ente impreciso, con características globales y sin liderazgos plenamente identificados. A juicio de muchos de los participantes en manifestaciones públicas, en esas filas de embozados y encapuchados suele encajar el sistema a sus piezas de información y manipulación. A pesar de que el 1º de diciembre del año pasado, el día de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, ya tuvieron una aparición notable, hasta ahora siguen siendo una especie de enigma tolerado, una peculiar reserva de violencia programable.

Sin proyecto político de fondo ni reivindicaciones inmediatas, esos grupos conceden la escenografía caótica a las voces puntualmente demandantes de orden al costo que sea. Instaurando el vandalismo como emblema, agrediendo con impunidad a las fuerzas policiacas sometidas a la tajante orden de resistir los embates sin contestar (hasta que en ciertos momentos los mandos permiten ciertas detenciones que regularmente recaen en personas sin vinculación con esa violencia desmedida), esos grupos fácilmente infiltrables terminan haciendo daño a los procesos graduales de lucha política, como el de los profesores de la CNTE (que han trazado un riguroso deslinde de esos grupos y métodos) y con más razón a quienes aún sostienen la línea de la protesta invariablemente pacífica.

Pero lo sucedido ayer en céntricas calles capitalinas (prefigurado en anteriores manifestaciones) debe verse en un plano de mayor amplitud. Destapar el fantasma de la violencia política es uno de los ingredientes del enturbiamiento nacional que proviene de laboratorios oficiales. Basta ver los trucos de mala factura con los que se ha mantenido bajo secuestro la plaza emblemática de la protesta nacional, el Zócalo capitalino. Arrebatado bajo amago militar antes del Grito de Independencia, ahora se utiliza como centro de recepción de donaciones para damnificados, totalmente sustraido a la dinámica habitual de uso y disfrute públicos que han caracterizado a esa plaza de centralidad política e histórica.

Sin pausa han sido confiscados en meses recientes, desde la campaña presidencial de Peña Nieto y en el curso de su ejercicio de poder, diversos elementos constitutivos del armado cívico básico. Ayer mismo, a la salida del Metro Tlatelolco, policías capitalinos registraban mochilas de jóvenes sin más argumento que su uniforme y solicitaban identificaciones, convirtiendo las inmediaciones de la Plaza de las Tres Culturas en una muestra más de retroceso. Y en general se ha dado banderazo de salida a segmentos policiacos sin uniforme que amenazan, hostigan y desbordan.

La protesta cívica es colocada así en una disyuntiva incómoda. Este mes, en el que Peña Nieto desea que sean aprobadas sus principales reformas legislativas, será también el de la campaña mediática contra los excesos de las manifestaciones de protesta. El turno inmediato es el de la congregación masiva convocada por Andrés Manuel López Obrador y Morena. Hasta ahora, ese movimiento ha tenido a orgullo el hecho de que no se hubiera roto ni un vidrio durante sus actos públicos. Pero el tamaño del golpe peñista en camino, tanto en materia de energéticos como de impuestos, hace palidecer las estrategias recatadas y podría llevar a la toma de ciertas medidas de resistencia civil pacífica, justamente en medio del linchamiento mediático mayoritario a actos de violencia como el de ayer.

La crispación política ha producido incluso escenarios tan extraños como el llamado de Acción Nacional a un activismo que lleve a manifestaciones en las calles contra la reforma fiscal peñista. En la Cámara de Diputados y a nombre de su bancada, Fernando Rodríguez Doval pronunció palabras cuidadamente cercanas a lo desobediente: Es el momento de que los no violentos salgamos a las calles de forma ordenada y pacífica para expresar nuestra inconformidad. No importa en qué localidad nos encontremos, estamos obligados a levantar la voz cuando las cosas se están haciendo mal. Los panistas enarbolan la bandera de la defensa de la clase media, particularmente en cuanto a la pretensión de cobro de IVA en colegiaturas (que goza de generalizada desaprobación, pareciendo más un engaño sembrado para luego corregir y demostrar que se escucha a la población) y, sobre todo, de esa imposición fiscal en operaciones inmobiliarias.

Y, mientras Miguel Ángel Mancera sigue cumpliendo fatigosamente con su parte en el trato que al final reportará a la ciudad de México una amarga reforma política, ¡hasta mañana!

Twitter: @julioastillero

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Enrique Galván Ochoa: Dinero

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n su edición de marzo de este año, la revista Forbes presentó la lista ampliada de los magnates de México. Son 35. Entre ellos aparecen cinco cuya riqueza tiene que ver con la industria refresquera. ¿Qué tanto afectaría a sus fortunas el impuesto de un peso por litro, que prevé el paquete fiscal del secretario de Hacienda, Luis Videgaray? Han reaccionado como si se fueran a quedar pobres. Sin embargo, en este capítulo Videgaray tal vez tiene razón. Por un lado, distintas organizaciones han demostrado que el excesivo consumo de bebidas azucaradas contribuye al desarrollo de diabetes, enfermedad en cuyo tratamiento las instituciones de salud pública gastan fortunas. Pero además, el secretario de Hacienda afirma que la industria refresquera es una de las principales proveedoras de la informalidad, por lo que el impuesto especial no será sólo con el objetivo de reducir la obesidad, sino también de obtener información sobre sus ventas. La idea es que no evadan impuestos, obviamente. Pero la industria se está defendiendo con todos los recursos a su alcance. Si el gobierno se deja torcer el brazo, entonces todo el discurso en torno a limitar a los poderes fácticos –como el del oligopolio refresquero– caerá en el vacío. Uno de los aliados de la industria, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes, presentará a la Cámara de Diputados un millón 200 mil cartas, según dice firmadas por pequeños comerciantes que manifiestan su rechazo al impuesto. Probablemente hay una solución de medio camino: no gravar los refrescos y en cambio imponer un impuesto a las grandes fortunas, al estilo de algunos países de Europa.

El megacatarrito

¿Nos afectaría un terremoto financiero en Estados Unidos? La respuesta es sí. ¿En qué medida? Eso nadie lo sabe. ¿Quién tiene una bola de cristal para adivinarlo? Tampoco alguien se atrevería a decir que cuando mucho el efecto sería un catarrito, para citar la famosa frase del entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens. La crisis estallaría si se juntan dos alambres electrificados: por un lado, el parón de los burócratas –hoy llega a su día número tres– y la crisis de la deuda pública. Es decir, si el Congreso no aprobara ampliar los recursos de que dispone el presidente Obama para solventar el pago de salarios de casi un millón de burócratas y tampoco autorizara la ampliación del techo de la deuda pública. Eso sí sería el acabose porque, entre otras complicaciones, la tesorería no tendría dinero para pagar los intereses de sus bonos en poder de gobiernos y fondos privados. Por ahí está atorado incluso el Banco de México. De acuerdo con un reporte de la Reserva Federal, tiene actualmente una inversión de 63 mil 300 millones de dólares en papeles de la tesorería. Subió en 10 mil millones en el último año. Son una tercera parte de la reserva internacional mexicana. ¡Invertidos en Estados Unidos mientras que aquí buscan socios extranjeros para financiar Pemex! China es el país que está más comprometido, con 1 billón 277 mil millones. ¡Todo el oro del mundo! Asimismo, es probable que sufrieran afectaciones la inversión de mexicanos en fondos, bienes raíces y empresas.

Faros matan foros

Ya sin la presencia de representantes de los partidos del Trabajo (PT) y de la Revolución Democrática (PRD), los foros del Senado en materia de reforma energética ''chuparon Faros''. Se sabía de antemano que los foristas invitados ayer la apoyarían. Así que se llevaron un desaire Fauzi Hamdan, Mario Alberto Becerra Pocoroba y Dante San Pedro Jacobo.

e@Vox Populi

Asunto: comenzaron a pagar en el ILCE

Como decía mi abuelo: ''Los políticos y los perros entienden a base de periodicazos''. Ayer misteriosamente, sin aviso o comunicado previo por parte de las autoridades del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), se nos depositó nuestra quincena correspondiente, esperando que esta situación no se repita. Cabe mencionar que no a todos los compañeros les pagaron. Quiero agradecer la atención que tuvo para publicar en su columna nuestro problema.

Empleados de Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa

R: No está resuelto en su totalidad. Sigan en contacto con esta columna hasta que les hayan pagado a todos los empleados del instituto. Por lo demás, me comentan que no está sujeto a control presupuestal, por ser un organismo internacional. Y también que fue centro de algunos programas de Marta Sahagún y la profesora Gordillo. ¿Cuándo le hace una revisión, auditor Juan Manuel Portal?

Twitter

Ojo con su factura de Axtel (especialmente en paperless). Podrías pagar el equivalente a 13 meses, en vez de 12.

Antonio Mendoza @tony_mendoz

¿Qué tanto brete? El gobierno federal en México lleva 10 meses paralizado y no pasa nada. ¿Querrá eso decir algo?

Ima @mtzazair

Un 68% de la población se siente insegura, y 66.7 considera a las autoridades poco o nada efectivas: encuesta del Inegi http://ow.ly/prbIH

@_Bishu_

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Luis Linares Zapata: La propia ruta

Written By Unknown on Kamis, 03 Oktober 2013 | 14.11

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nsistir en un modelo propio para desarrollar la industria de la energía les parece, a los que adoptan la postura de imitar o seguir rutas ajenas, una necedad nacionalista. Sobre todo cuando tal necedad ha sido causal eficiente para cimentar una identidad particular, diferente a otras muchas que, también, pasaron o pasan por similares problemáticas. Y cuando lo creado respondió a las propias necesidades y fue de provecho para la mayoría. Tal es el caso de la promulgación de la Constitución de 1917 y, en específico, de su crucial artículo 27. En él se fija el dominio primigenio de la Nación sobre los bienes del suelo y el subsuelo, plataforma continental y espacio aéreo. Fundamentando así la expropiación, primero, y el desarrollo de Pemex posterior, como un monopolio encargado de la explotación y transformación de los hidrocarburos sólidos, líquidos y gaseosos.

Nada hay en el nacionalismo de retrógrado u obsoleto. Al contrario, sigue y seguirá siendo un impulso vital que, en su vertiente constructiva, permite edificar, con bases solidas, el presente y mucho del futuro del país. Renunciar a ello significa, más bien, claudicar en el empeño de ser mexicanos. Ir por el mundo buscando ejemplos a imitar es en muchos aspectos diluirse, perder identidad o volverse una simple copia de dudosa calidad. La propuesta oficial para modificar los artículos 27 y 28 de la Constitución retrae, con renovados y viejos argumentos, la conocida intención de abrir Pemex a las empresas trasnacionales de la energía. No son, estas entidades, cualquier ente productivo o de negocios. Son, bien se sabe, verdaderos núcleos de poder, cimentados en la fuerza, no sólo de sus propios recursos, sino en la de sus gobiernos y ejércitos, ya probados través de más de un siglo de amargas y trágicas acciones. Las grandes empresas de la energía no negocian como iguales. Ellas imponen, maniobran, tuercen brazos, corrompen, financian agentes, espían al rival y, en variadas ocasiones matan al opositor sin remordimiento alguno.

Suponer, como Jesús Silva-Herzog (Reforma, 30 de septiembre), que el senador Bartlett montó un comité de acciones antimexicanas al estilo macartista, es salir en defensa de dos de los postulantes de una manera harto exagerada. Bartlett intentó, du­rante las intervenciones de esos personajes en el Senado, mostrar los patrocinios, las intenciones y la representación que portan consigo y que no se aclararon debidamente. Ser nacionalista no es sinónimo de verdugo, de contralor, aduana o juez inapelable, como asegura el analista. Al contrario, es confiar en las propias posibilidades, basarse en lo que se ha logrado y exigir que se permita avanzar con ello. Los dos personajes defendidos por Silva-Herzog fueron proponentes de la apertura indiscriminada de Pemex (y la CFE) a la intervención de las empresas externas. Son, entre otros muchos, de esos que piensan que fuera hay ejemplos usables, mejores que el propio para explotar los recursos energéticos. Y por ello, a los ojos del senador del PT, se trasmutan en entreguistas y hasta en potenciales agentes encubiertos. Pero no sólo porque defienden la propuesta oficial, sino porque no ponen sobre la mesa, de manera abierta, sus relaciones laborales y patrocinios. La invitación extendida por el PRI para su intervención no es ajena a los intereses de ese partido y gobierno. Ellos fueron invitados porque se conocen sus posturas de tiempo atrás. C. Cárdenas fue como opositor, como impulsor de una agenda distinta, y de ello dio buena prueba sin que nadie alegue intenciones a trasmano. El señor Pardinas usó el título de una organización, bien sedimentada en apoyos de índole empresarial privada, sujeta, por tanto, a juicios y evaluaciones diversas. Ser invitado por los centros de estudios estadunidenses de claro corte intervencionista y reaccionario (Centro Woodrow Wilson) no es un accidente o error de dedo, sino un proceder consistente para acercar posiciones entre afines, compartir conceptos y hasta objetivos si es que no se aclaran, desde la mera salida a escena, los diferendos. Rondar por el chico mundo, de tribuna en tribuna, siempre tamizadas con especiales tonos, auditorios y sabores solidifica a los postulantes de maneras determinadas.

Silva-Herzog parece suponer que no hay agentes metidos de lleno en esta polémica energética. Los hay desde aquel célebre diputado (Félix Palavicini), fundador de los diarios Excélsior y El Universal precisamente para defender los intereses de las petroleras instaladas en el México porfirista. Él fue, también, enviado al Congreso Constituyente para sabotear, precisamente, el artículo 27 en discusión. Afortunadamente fracasó en la intentona. Agentes los hay, y de montón, actualmente cobijados en membretes de aparente corte técnico, con caretas de expertos en organización de empresas, oficiosos de las relaciones exteriores trasmutados en traficantes de negocios y otros similares que, en el fondo, propagan las ambiciones y las consignas de sus contratantes: las mismas empresas energéticas trasnacionales.

América Latina es un subcontinente cuyo destino, según las potencias centrales, se agota en desempeñar un rol subordinado. La división de capacidades y recursos la encadenan a ser proveedora de materias primas y mano de obra pordiosera. Al menos esa ha sido la pretensión de EU durante el tiempo transcurrido desde la independencia a estos días. Rebelarse a tan pinche destino es una tarea ardua, cruenta, dilatada, pero prometedora. Sudamérica está ensayando por vez primera una ruta propia. México emprendió el camino antes que todos, pero lo extravió allá por los inicios de los ochenta. La noche neoliberal, entreguista y limitada ha caído sobre los mexicanos en el camino y ahora se sufren las consecuencias. La lucha por la energía es fase crucial de la pelea por un destino independiente que se lleva a cabo en este país. La capacidad del modelo neoliberal y beneficiarios para asegurar su continuidad es notable. La vemos en plena acción ante el simple intento oficial de introducir una miscelánea fiscal que toque, aunque de refilón, los intereses de la plutocracia local. La apertura energética no es necesaria ni moderna. Por el contrario, será un salto al pasado.


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Editorial: De Bergoglio a Francisco: deslindes y continuidades

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n una entrevista concedida al diario italiano La Repubblica, el papa Francisco señaló que los jefes de la Iglesia han sido con frecuencia narcisistas, adulados por sus cortesanos, a los que calificó de la lepra del papado. Criticó el carácter vaticano-centrista de la curia romana, la cual se olvida del mundo que nos rodea, y ofreció hacer lo posible por cambiar esa visión.

Los señalamientos referidos dan cuenta de una inflexión entre el pontificado de Jorge Mario Bergoglio y los de sus antecesores inmediatos en el trono de Pedro, Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger. Mientras los dos últimos no pudieron o no quisieron deslindarse de las inercias conservadoras que acompañaron sus respectivas carreras clericales, y fueron incapaces de impulsar los procesos de renovación y modernización que el Vaticano requiere con urgencia, el ex arzobispo de Buenos Aires ha arrancado su pontificado con una clara actitud de denuncia de algunos de los lastres y vicios más palpables de la jerarquía católica y ha investido a su apostolado de un ánimo reformista que ciertamente marca un deslinde respecto de sus propios antecedentes conservadores.

Según puede verse, este afán renovador trasciende el ámbito de las palabras, como lo demuestra el inicio de los trabajos de un consejo cardenalicio convocado por el propio Francisco –conocido como el G-8 Vaticano– que constituye, para efectos prácticos, un contrapeso al control que la curia romana ha ejercido históricamente sobre los pontífices y que, de acuerdo con el actual obispo de Roma, representa el inicio de una Iglesia con una organización no tan vertical sino también horizontal. Otro tanto puede decirse de la decisión adoptada por Francisco de hacer públicas las cuentas del Instituto para las Obras de Religión –conocido popularmente como Banco Vaticano–, una de las dependencias más severamente afectadas por escándalos de corrupción y complicidades delictivas, así como del compromiso de buscar un papel más relevante de las mujeres en la Iglesia.

Por lo demás, el arranque del papado de Francisco se ha caracterizado también por una continuidad saludable de pronunciamientos y actitudes de carácter social. Particularmente claro ha sido el mensaje de Bergoglio contra la frivolidad y el lujo habituales en las altas esferas del catolicismo y su prédica de austeridad, así como su crítica al orden económico y social imperantes: Pienso que el llamado liberalismo salvaje convierte a los fuertes en más fuertes y a los débiles en más débiles y a los excluidos en más excluidos, señaló el pontífice durante su charla con La Repubblica.

Es verdad que Francisco mantiene una defensa inercial de las posturas tradicionales de la Iglesia ante temas como el aborto, así como algunos de los reflejos autoritarios que caracterizaron a sus antecesores. Pero sería injusto no reconocer que lo sustancial de su papado ha apuntado hasta ahora a una renovación, o por lo menos a una moderación, de aspectos nodales de la burocracia clerical que han hecho un gran daño a la Iglesia católica. Dicho viraje –en conjunto con la apertura a los desarrollos civilizatorios de la vida contemporánea y una actitud congruente de su jerarquía con los valores que predica– es una de las condiciones principales para que el catolicismo pueda volver a acercarse a sus fieles y recupere la autoridad moral perdida en las últimas décadas.


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Enrique Galván Ochoa: Dinero

E

n su origen, la propuesta de gravar medicinas y alimentos es del PAN. Recuerdo que la escuché por primera vez de Eduardo Sojo, el entonces asesor económico del candidato Vicente Fox. Los grandes empresarios la apoyaron e impulsaron, porque el gobierno obtendría recursos de las clases media y popular, en vez de tocar sus intereses. El PRI también la promovió, con resultados que le resultaron nefastos, en aquel feroz enfrentamiento que condujo a que la maestra Gordillo dejara las filas tricolores; estaba comprometida con Marta Sahagún y Fox. En realidad todo apuntaba a que este año finalmente cuajara el controvertido impuesto. Incluso el presidente del PRI, César Camacho, maquinó la modificación de los principios del partido que impedirían que sus legisladores votaran a favor. Pero la camachoseñal se quedó en el aire. El gobierno de Peña Nieto metió reversa, no quiso echarle más leña al fuego del movimiento magisterial, y a la creciente protesta contra la reforma energética. Así que en vez de un impuesto a alimentos y medicinas, propuso a última hora un menú fiscal que contiene desde cobrar IVA en los alquileres de casas y departamentos, hasta darle un toquecito ligero a la venta de acciones en la Bolsa Mexicana de Valores. Asumiéndose como defensor de la clase media, el Consejo Coordinador Empresarial está aliándose con el PAN para descarrilar la propuesta fiscal de Peña Nieto y Luis Videgaray. Algunos prominentes miembros del sector empresarial no ocultan su decepción. Ayudaron a Peña Nieto de distintas maneras en su campaña, incluso presionando para que todos los candidatos firmaran un compromiso de que respetarían el resultado de las elecciones –cualquiera que éste fuera. Lopez Obrador lo firmó. No esperaban el revés fiscal. ¿Puede prosperar la reforma hacendaria sin los votos del PAN en San Lázaro y el Senado? Posiblemente, sobre todo si la izquierda chucha negocia un buen precio.

Vuelven afores al nivel de $2 billones

En septiembre se rompió la mala racha de las afores, ganaron en conjunto 57 mil millones de pesos (cifra redondeada). El total de los activos que manejan volvió a superar los dos 2 billones de pesos, de acuerdo con información del presidente del SAR, Carlos Ramírez Fuentes. A principios de este año, la situación pintaba bien. De enero a abril los ahorros –que suman las aportaciones de trabajadores, empresas y gobierno– ganaron 130 mil millones. Luego vinieron los meses malos –de mayo a agosto–, cuando se perdieron 167 mil millones de pesos. El balance se compuso en septiembre. Ahora bien: en los meses que siguen podrían registrarse nuevamente pérdidas; nadie puede garantizar que no ocurra por el esquema en que están invertidos. Lo que sí podría hacerse es lo siguiente: obligar a las afores a que bajen las comisiones, incluso no deberían cobrarlas cuando pierden dinero; atender mejor a sus clientes y también podrían gestionar con más profesionalismo y visión los caudales que tienen confiados.

Nueva crisis en Estados Unidos

¿Qué tanto afectará a México la crisis política de Estados Unidos, que ha conducido a la parálisis de una buena parte del aparato burocrático? Pensar que será un catarrito resultaría temerario. Ya sabemos que cuando estornudan allá, aquí nos pega una calenturienta pulmonía. Lástima, porque apenas estaban volviendo a tomar velocidad las remesas de nuestros paisanos. En agosto rompieron una racha de 13 meses consecutivos a la baja y aumentaron 1.1% a tasa anual en dólares. México recibió en agosto mil 911 millones de dólares, según cifras reportadas por el Banco de México. El banco BBVA opina que esta tendencia positiva obedece a dos factores: primero, la tasa de desempleo de migrantes mexicanos en Estados Unidos se ubicó en agosto por debajo de la media nacional. Y segundo, la apreciación del tipo de cambio que se observó durante ese mes.

e@Vox Populi

Asunto: el Libretón

La semana pasada descubrí que en Bancomer han subido el saldo mínimo en la cuenta Libretón de 1,000 a 2,000 pesos, sin avisar a nadie. Desde marzo están cobrando 160 pesos más IVA por mes a todas las cuentas que tienen menos de 2,000 pesos. Mucha gente ahora debe dinero al banco. Cuando me fui a quejar me dijeron que el cambio había sido anunciado en los medios y en un cartel con letra muy chiquita en las sucursales. Preguntando entre mis conocidos no encontré a ninguno que supiera del cambio. No mandaron correos electrónicos, no pusieron un aviso en la página de Internet y no hicieron un intento de avisar verbalmente o con letras grandes en las sucursales. Enseguida entregué una carta al gerente de mi sucursal y me rembolsaron el dinero al día siguiente. Vayan todos a sus sucursales con cartas. Reclamen su dinero.

Tamara Lipschutz R. /Tepoztlán

R: Te sugeriría que aun cuando te devolvieron tu dinero presentaras una denuncia en Condusef, pero Mario di Costanzo resultó más como los rábanos: rojo por fuera y blanquito por dentro. Mejor escríbele a su jefe, el secretario de Hacienda. @LVidegaray es su dirección en Twitter.

Twitter

Multiva ofreciendo créditos con garantía de portafolios; esto fue un desastre en el pasado, ¿está autorizada por CNBV esta opción?

Guillermo Calles @Sellac51

Gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo Figueroa, dona a #Teletón 27 mdp del #erario

@TerraMexico

#ReformaHacendaria: los pagos de rescate, extorsión y de ''uso de suelo'' deberían ser deducibles de impuestos.

@StardustDA

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Julio Hernández López: Astillero

Foto

Durante el bloqueo de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Paseo de la Reforma y avenida Juárez, ayer, maestros detuvieron a un joven que les tomaba fotos de manera sospechosa. Al ser detenido se identificó con una credencial de la Secretaría de la Defensa Nacional como subteniente Lennin Moreno RosalesFoto Carlos Ramos Mamahua

A

sí fuera solamente por la persistencia de su protesta, Enrique Peña Nieto debería conceder audiencia a los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Ya antes ha recibido en Los Pinos a personajes y grupos de la índole más variada (boxeadores, equipos de futbol profesional, por ejemplo), de tal manera que parecería políticamente sano escuchar de viva voz de sus dirigentes los planteamientos de un movimiento que se ha sostenido contra lluvia y marea en la capital del país, mientras en otras ciudades el ejemplo prende.

Hasta ahora, sin embargo, el ocupante de la residencia presidencial no ha dado ningún signo de atención directa a ese problema. Todo lo ha dejado en manos de la dupla de Bucareli, el secretario Miguel Ángel Osorio Chong y el subsecretario dorado, Luis Miranda, e incluso de funcionarios de rangos menores. Pero él, quien formalmente ejerce un poder unipersonal, intransferible, no ha aceptado recibir a los profesores.

Con ese gesto cesarista que se reserva como solitaria facultad ejecutoria inapelable el uso del pulgar hacia arriba o hacia abajo para resolver el destino de los gladiadores, Peña Nieto confirma la inutilidad de todo el proceso político de presunta apertura y negociación con los profesores, quienes han sido groseramente llevados a lo largo de meses por un sendero de mesas de negociación, consultas y diálogos que en nada sustancial ha modificado la línea central del proyecto priísta de recuperación del control del aparato educativo mediante el sometimiento de la vertiente gordillista y, al mismo tiempo, de represión y exclusión laboral del movimiento no oficialista.

La inutilidad de la vía del diálogo y el confinamiento de una movilización excepcional a canales burocráticos inamovibles tiene especial relevancia en un día como hoy. Como lo hicieron varios emperadores sexenales pertenecientes a la etapa del priísmo previo al neoliberalismo, hoy Peña Nieto va cerrando el camino a trabajadores y a ciudadanos organizados en defensa de sus intereses. Así lo hicieron Adolfo López Mateos frente a los médicos y los ferrocarrileros y Gustavo Díaz Ordaz frente a los estudiantes, al igual que Luis Echeverría. Historias parecidas: levantar actas administrativas de abandono de empleo, suspender pagos, construir escenarios de violencia mediante desatención provocadora e infiltrados violentos para luego desahogar órdenes de aprehensión contra dirigentes.

En un contexto volátil, de fragilidad económica a la vista, con múltiples agravios sociales acumulados y un sistema político ajeno a los reclamos populares resulta sumamemente peligroso un gobierno que se muestra sordo y pareciera entramparse en su propia urdimbre de simulación institucional. Profesores en las calles, desesperados ante la cerrazón gubernamental, con meses fuera de sus casas y sin mayor opción política que radicalizar su protesta porque de otra manera no tiene sentido su permanencia en una ciudad capital a la que causan problemas viales como única llave para abrir las puertas de los despachos oficiales donde de cualquier manera sólo les dirán que no. Ciudadanos angustiados porque sus cuentas de Afore les llegan con pérdidas, porque la informalidad está en la mira recaudatoria (sin ofrecer alternativas reales de empleo) y porque ven acercarse las garras fiscales que saquearán bolsillos populares, convenciéndose amargamente de que tampoco ellos tienen expectativas de defender sus intereses más que manifestándose acaso con la virulencia que todavía hoy censuran en los profesores que en realidad son pioneros en la protesta desesperada. Y mexicanos en general que ven el avance sin contrapeso del reformismo peñista que agudizará la pobreza colectiva, creará nuevas facciones multimillonarias y consolidará un sistema político y económico labradamente injusto.

¿Dos de octubre no se olvida? Por su propio interés de subsistencia, el sistema debería abrir puertas para el desahogo de las tensiones sociales que hasta ahora han sido sometidas mediante el sistema de concesiones políticas a partidos de izquierda concebido luego de los estallidos de rebelión armada que siguieron a las represiones de los movimientos estudiantiles y populares. Si de la historia se debe aprender, los diseñadores de la actual estrategia gubernamental de agotamiento de la protesta mediante el cansancio, la provocación y la represión deberían recordar Tlatelolco y sus enseñanzas.

Astillas

Tal como aquí se advertía en la entrega de ayer, la Cámara de Diputados terminó aprobando la asignación de su Medalla al Mérito Cívico Eduardo Neri al presidente de la fundación que organiza el Teletón, Fernando Landeros, en un gesto que en realidad debe ser colocado en el escaparate de trofeos de Televisa. Con esa decisión, resuelta con significativa oposición o distancia de una franja de legisladores (342 votos a favor, pero 39 en contra y 53 abstenciones), la televisora propiedad del así también homenajeado Emilio Azcárraga Jean recibe un muy oportuno respaldo a su política de transferencia de fondos públicos federales y estatales para la realización de filantropías deducibles de impuestos… Al fin puso pie en Michoacán Enrique Peña Nieto. Tardó 10 meses, luego de una serie de cancelaciones por distintos motivos. Esta primera visita desde que está en Los Pinos tuvo como móvil casi ineludible la atención a damnificados por los problemas meteorológicos recientes. Sumida en una violencia incontrolable, con cárteles de delincuencia organizada dominando regiones y un gobierno estatal endeble, a cargo del sustituto Jesús Reyna, Michoacán tiene ahora otro motivo de preocupación, pues el titular de la gubernatura, Fausto Vallejo, ha hecho saber que desea volver al cargo (a mover de nuevo lo que ni siquiera ha podido acomodar el sustituto) luego de dejarlo durante largo tiempo a causa de una enfermedad hepática grave… Y, mientras hoy se vive otro episodio de la confrontación entre embozados y policías, en la que se confunden desesperaciones juveniles genuinas con provocaciones políticas, ¡hasta mañana!

Twitter: @julioastillero

Facebook: Julio Astillero

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx


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José Steinsleger: Siria: victoria política y militar del antimperialismo

S

ugerencia única: que el bienpensante humanismo occidental revise de una buena vez sus prolijas teorías acerca del imperialismo, y por qué las recias prácticas antimperialistas de pueblos y gobiernos las estrellan, invariablemente, contra la realidad.

El 3 de septiembre último bien podría pasar a la historia como la silente fecha que puso punto final a la llamada cuarta guerra mundial (o guerra global contra el terrorismo), que el 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos le impuso al mundo en los cuatro puntos del orbe.

¿Qué ocurrió aquel día en que los humanistas continuaban degarrándose las vestiduras a raíz del supuesto ataque del 21 de agosto con armas químicas a un millar de personas (en su mayoría niños), cuyos cadáveres fueron presentados por los disidentes en la localidad siria de Ghuta?

Ocurrió que un par de misteriosos misiles cayeron en el Mediterráneo. Se dijo entonces que uno fue desviado y el otro explotó en el aire. Y, de acuerdo con el giro orwelliano que los medios occidentales adoptaron desde la caída de las Torres Gemelas, ambos lanzamientos fueron tratados como meras maniobras y, faltaba más, sin relación con la guerra de Siria.

Bien… maniobras. Pero al día siguiente, Vladimir Putin ofreció una larga entrevista al periodista de la televisión rusa Pervy Kanal y la agencia estadunidense Associated Press. Para los buenos lectores y sabios horticultores de las primaveras árabes, Putin dijo:

Tenemos un contrato para la entrega de los (misiles) S-300. Hemos suspendido su entrega de momento, pero si vemos que se toman medidas relacionadas con las violaciones al derecho internacional, vamos a pensar en cómo actuar en el futuro, incluyendo el suministro de ese armamento, a ciertas regiones del mundo.

Veinticuatro horas después, en su ciudad natal de San Petersburgo (antes Petrogrado, luego Leningrado), Putin recibió al poderoso G-20 (Grupo de los 20, 19 países, más la Unión Europea). Y con serenos aires de gran vencedor, el discreto zar de todas las Rusias resultó un excelente anfitrión: paseó a sus huéspedes por su casa de usted, el hermoso Palacio de Constantino levantado por Pedro el Grande en 1720, y todas esas cosas.

En cambio, Barack Obama llegó a San Petersburgo más canoso de lo que lucía hasta el 3 de septiembre. Y fue el único de los gobernantes en subestimar que en aquella heroica ciudad, en la que Napoleón y Hitler sufrieron derrotas militares que cambiaron la historia occidental, la política mundial pegaría, sin Washington de tutor, un giro de 180 grados.

La diplomacia tiene sus reglas y obliga a la cortesía y el comedimiento. Pero estoy seguro de que entre los dilectos representantes del G-20, más de uno se aguantó para evitar tomar de las solapas a Obama, espetándole: ven acá... ¿fuiste tú el cabrón que autorizó el disparo de los misiles contra Damasco?

Con excepción de los periodistas especializados en copiar los boletines oficiales de la comunidad internacional, casi todos los dirigentes de la cumbre sabían ya que los misiles habían sido lanzados desde la base yanqui de Rota, ubicada en la bahía de Cádiz. Y que lejos de haber sido desviados o explotado en el aire, fueron interceptados y derribados por el escudo antimisiles de Moscú en Siria.

Cereza sobre el pastel: se dice que si los misiles hubieran dado en el blanco, el Estado de Israel asumía la responsabilidad política. Pues como todo mundo sabe, Washington defiende el derecho del enclave sionista a la legítima defensa contra sus enemigos. Con excepción de los buenos amigos de la península arábiga, que se la pasan chupeteando burbujeantes narguiles mientras sueltan la chequera para financiar a los rebeldes de Siria.

Luego del frustrado ataque de Washington a Damasco, el general ruso Oleg Ostapenko, viceministro de Defensa, declaró a un sitio web libanés que el lanzamiento de los misiles israelíes "… permitió a Rusia mostrar su capacidad en materia de detección de radar, lo cual ha llevado a sus enemigos potenciales a extraer conclusiones" (Al Manar, 12/9/13).

Por su lado, el ex ministro de Asuntos Militares de Israel, Ehud Barak, en entrevista concedida el 24 de septiembre a la cadena televisiva Bloomberg y reproducida en HispanTV, observó: Los acontecimientos de las recientes semanas en Siria han debilitado a Estados Unidos en todo el mundo.

En suma. Ganador en la guerra contra el terrorismo: Irán. Perdedor: las fijaciones bíblicas del Gran Israel. Demudado, el premier Benjamin Netanyahu se entrevistó en días pasados con Obama. Y tras advertirle que los iraníes son tramposos y peligrosos, pidió un café. Inmutable, Obama respondió: "ni pa'un café, broder. Tus amigos del Congreso acaban de bloquearme el presupuesto".

A todo esto, el Pentágono y Hollywood estrenaban La caída de la Casa Blanca, película en la que, you know, un policía solito enfrenta el ataque de un grupo paramilitar fuertemente armado, a la residencia poniendo a salvo al presidente en medio de un gobierno nacional en caos. Dicen que está buenísima, y que sólo es la primera parte.


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